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EL DERECHO A LA SALUD DESDE LA VISIÓN DE SAN ÓSCAR ROMERO

  • Buenas obras son el esplendor de la iglesia

San Romero nos anima que como cristianos aun en medio de la dificultad a cuidar de los preferidos de Jesús, los pobres, hambrientos, enfermos, etc. Es importante velar por el bienestar de los demás, especialmente de nuestro prójimo. En sus palabras San Romero nos anima a siempre hacer presente la justicia y la verdad. Es por esto que el Estado debe siempre velar por la salud de los habitantes de todo la República de El Salvador; por un acceso igualitario, sin privilegios.

Por eso, hermanos, mi segundo pensamiento es éste: Que las buenas obras son el esplendor de la Iglesia, pero fíjense que insistencia en las lecturas de hoy. Las buenas obras a partir de los pobres. Qué hermosa y elocuente la palabra de Isaías: Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo, no te cierres a tu propia carne. Como que el mendigo soy yo, es mi carne que tiene hambre, dale de comer; como el que te viene a pedir posada, es tu carne que tiene frío, dale abrigo; siente esta fraternidad, siente la identidad. No digo contigo solamente, sino sobre todo siéntela con Cristo. Todo lo que le hagas a él, a mí me lo haces.

¡Cómo no le va a doler a la Iglesia una civilización de egoísmos, una civilización de desigualdades tan crueles, en que el pobre, el desamparado, el hambriento, el desnudo, el sin techo, como si no fuera hombre, como si no fuera hermano! Ya hemos dicho, hermanos, que esto no es una defensa de la pereza, de la holgazanería, «el que no trabaja, dice la Biblia, que no coma». Pero se trata de estas situaciones que ya se hicieron como una costumbre entre nosotros, como si fueran diversas clases de hombres, los ricos y los pobres. Si somos la misma carne, si somos del mismo origen y tenemos el mismo destino; si a todos nos ha amado Cristo, y con todos se ha identificado.

Vivir, entonces, haciendo buenas obras ¿qué dice el profeta? «Entonces, cuando hagas todo esto, romperá tu luz como una aurora, enseguida te brotará la carne sana que abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor». Esta es la gloria que sigue a la Iglesia, al hombre que vive la justicia y vive la caridad.

  • Estar cerca del que sufre

Visitar al enfermo es un gesto de los más grandes de misericordia con el hermano o hermana; ya que todos los que tienen su vida en peligro buscan de Jesús porque El tiene palabras de salud y de vida eterna. Jesús cambia el signo de la enfermedad, del dolor, del sufrimiento en camino y anuncio de esperanza, fuente de vida. Monseñor Romero nos invita a ser imitadores de Jesús contemplando al que sufre con ojos de Fe.

Por eso hermanos, en nuestra Arquidiócesis, y cada uno de nosotros, tiene que ser un devoto enardecido de la justicia, de los derechos humanos, de la libertad, de la igualdad; pero mirándolos a la luz de la fe. No lo olvidemos que es precisamente buscando que rompa en nuestro ser la luz del Señor, es decir: No hacer el bien por filantropía. Hay muchas agrupaciones que hacen el bien, pero para salir en el periódico, para que se ponga una placa de un gran bienhechor. Hay muchos que hacen el bien buscando aplausos en la tierra. Lo que busca la Iglesia al llamar a todos a la justicia y al amor fraterno, es el bien de la persona que hace el bien, porque se hace más bien el benefactor que el beneficiado. Entonces clamarás al Señor y te responderá; gritarás y te dirá: «AQUÍ ESTOY» ¿qué más queremos hermanos?

  • Anunciar la promoción de los hombres

La iglesia es su misión profética esta llamada a anunciar el Reino a los enfermos y a todos los que sufren y a denunciar el pecado y sus raíces históricas, sociales políticas, y económicas que producen los males como la falta de atención en salud. Es por eso que el mundo de la salud en sus múltiples expresiones, ha ocupado siempre un lugar privilegiado en la acción caritativa de la iglesia. Es por ello que se crean instancias como clínicas parroquiales y la Pastoral de la Salud Monseñor Romero insta a que se siga anunciando la promoción del hombre, de la mujer, de la niñez y adolescencia por la dignidad que Dios nos reconoce como hijos e hijas de Dios.

No se duerman, la Iglesia, la religión, no quiere ser opio del pueblo. La Iglesia por eso sufre los conflictos, porque trata de promover al hombre y decirle: «Tú eres igual que todos, tú tienes los mismos derechos que tienen todos tus hermanos», porque va promoviendo para que dejen de ser masa adormecida y se conviertan en artífices del destino de la Patria. Por eso la promoción de la Iglesia maliciosamente se le quiere confundir con ideas subversivas u otra clase de calumnias. Pero lo que la Iglesia busca es esto del Profeta, anunciar la promoción de los hombres, sabiendo que en cada hombre está escondido Dios y que el respeto a cada hombre, así sea el más pobre e indigente, es respeto, devoción aptitud casi de adoración a nuestro Dios.

Alabanza para meditar: https://www.youtube.com/watch?v=ZsLXLD5mGNI

Me has invitado muchas veces a tu morada, Pero no he querido aceptar tu invitación, Porque llegué a creer que nada me faltaba, Que en esta vida sola me bastaba. Hoy que he venido no sé si esperabas mi llegada, Pero traigo herido completamente el corazón, No sé en verdad que hacer me siento desolada, Pero he llegado aquí para implorar la calma. Cristo dame la fuerza para seguir, Quiero vivir, quiero aprender de ti, Cristo dame valor no me quiero rendir, Mi porvenir te lo entrego a ti. Es tuya toda mi alma, todo de mí, Es tuya toda mi vida, y mí existir, Toma mi voluntad Y haz lo que quieras de mí. Me aferro a ti como el pez al agua, pero con Toda el alma, Porque sin ti no encuentro ya satisfacción, Sé que en esta vida no me conforta nada, Pero a tu lado puedo ser santificada. Cristo dame la fuerza para seguir, Quiero vivir, quiero aprender de ti, Cristo dame valor no me quiero rendir, Mi porvenir te lo entrego a ti. Es tuya toda mi alma, todo de mí, Es tuya toda mi vida, y mí existir, Toma mi voluntad Y haz lo que quieras de mí.

Lectura Bíblica: Mateo 9, 27-38: El evangelio nos pone delante el encuentro de Jesús con la miseria humana. Nos presenta personas pobres por su dolencia por su dificultad para vivir, pero personas con tal cantidad de Fe que aún con sus problemas van tras el Señor. Ante este escenario Jesús no se echa atrás, no se esconde. Acoge a las personas y en su acogida entrañable revela el amor de Dios. Ahora bien, ponemos atención este encuentro y particularmente estas personas tienen mucho que decirnos. Pero, realmente ¿qué vemos en ellos que nos tiene que alentar en nuestra vida diaria?… su insistencia, su tenacidad; se ponen en camino, y además con la seguridad de que Jesús los puede curar. Y así es cómo la gran Fe que demuestran les cura, “¿Creen que yo puedo sanarlos?” Y ellos responden: “¡Sí, Señor!” ¿cuál sería hoy nuestra respuesta? Nuestras cegueras más importantes son no ver la presencia de Dios, no verla en los hermanos de comunidad, en los vecinos, en los que nos rodean, creernos capaces de hacerlo todo y dominarlo todo, relegar a un segundo puesto a Dios.

  1. Medita: puedes meditar de manera personal o en familia.
  • Durante este tiempo de pandemia, ¿Has afrontado alguna enfermedad? ¿Cómo la has afrontado desde la perspectiva de tu fe?
  • Si has tenido familiares, vecinos, amigos, etc., ¿Los has llamado, has orado por ellos, o te es indiferente?
  1. Compromiso: comunícate con un familiar, amigo o vecino que haya estado o esté enfermo y anímale.
  2. Momento de Oración: con el Salmo 41 (40) dedica un momento de oración por el fin de la pandemia, por todos los enfermos del mundo y por otras intenciones que tengas en tu corazón.

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